¡Hay tanto para elegir!

A groso modo, solemos pensar al vegetarianismo como una dieta que tacha de la lista a los alimentos de origen animal y restringe algunos o todos sus derivados. El problema es que el concepto de “restricción” siempre nos ubica en un mal lugar.

¿No es más positivo pensar en el mundo de posibilidades que se le abre a una persona que decide implementar este estilo de vida?

El vegetarianismo no tiene solo una forma de ser llevado a cabo. Se trata de un modelo de alimentación milenario (¡Pitágoras era vegetariano!) que se fue moldeando a las distintas necesidades de su comunidad. Así surgió una “suerte” de clasificación (que en la actualidad se sigue ampliando) basada en los grupos de alimentos que se consumen.

¡Va a sorprenderte la cantidad de tipos que hay dentro del vegetarianismo!

Todos comparten el consumo de productos de origen vegetal: es decir, hortalizas, legumbres, frutas, cereales y semillas. El cambio radica en los productos derivados del reino animal que deciden sumar:

  • Apiovolactovegetarianismo: Incorporan huevos, lácteos y miel. Es decir, ¡solo dejan afuera la carne!
  • Ovolactovegetarianismo: Igualita a la anterior, pero no consumen miel.
  • Lactovegetarianismo: Le dicen que no a los huevos, pero sí a los lácteos (leche, quesos, mantequillas…).
  • Apivegetarianismo: A diferencia de los ya mencionados, sólo consumen miel.
  • Estricto: Es la dieta más radical entre las vegetarianas, ya que elimina todo producto de origen animal o derivado.

Por fuera de esta primera clasificación, el universo veggie se sigue ramificando.

La dieta frugívora, por ejemplo, está basada solo en el consumo de frutas, frutos secos y algunos vegetales botánicamente clasificados como frutas (algunos ejemplos son el tomate, la palta o aguacate y el pepino). También hay una dieta vinculada no solo a los alimentos que se consumen, sino a

cómo se los consume: la crudivegetariana, en la que todo se ingiere crudo, deshidratado o con métodos de cocción de bajísima temperatura. ¿El objetivo? Evitar que los alimentos pierdan parte de sus nutrientes. Frente a este inmenso abanico de posibilidades, mi consejo para quienes quieran sumarse a las filas del vegetarianismo es que primero hagan un automonitoreo de sus necesidades y lean mucho sobre cómo cuidar los nutrientes que pueden entrar en

carencia. A partir de ahí, lo ideal es iniciar un camino paulatino, partiendo del vegetarianismo más amplio, hacia el más profundo. ¡Y llegando solo hasta donde se quiera llegar! Recordá:

“Cada comida es una oportunidad”

Si en el camino sintieras que esto no es lo tuyo ¡tranqui! Hay cada vez más personas alrededor del mundo que valoran los beneficios del consumo exclusivo de vegetales, pero prefieren incorporar pequeñas dosis de carne. Eso llevó al nacimiento de las dietas flexitarianas, como la pescetariana, en la que se incorpora pescado, o la pollotariana, en la que se incluyen aves. Si estos tipos son los que vibran con tu cuerpo, ¡va a estar bien también! Lo más importante es que te sientas a gusto, que lo hagas con responsabilidad y que puedas lograr todo lo que te propongas

Así que, ¿alguna vez pensaste en implementar más vegetales y menos carne en tu vida?

¿Cómo va eso? Contame, sabés que siempre estaré de apoyo en tu proceso hacia tu mejor version.