Hasta hace algunos años, la palabra veganismo remitía a una pequeña minoría dentro de la comunidad vegetariana. Sin embargo, este lindo estilo de vida (¡porque es mucho más que una dieta!) se está extendiendo rápidamente a lo ancho y a lo largo de todo el mundo, principalmente entre jóvenes de entre 12 y 35 años de países desarrollados 🤩 

La iniciativa, además, va más allá de quienes deciden alinearse estrictamente en las filas del no consumo de productos animales y todos sus derivados. Cada vez una porción más grande de la sociedad elige, sin dejar de lado su dieta omnívora, disminuir el consumo de carne y  abrir el juego de su alimentación a una mayor variedad de productos vegetales.

 

Eso explica fenómenos como que el hashtag “#veganfoodshare” sea furor en Instagram,  que cada vez se vean más opciones veganas en los menúes o que inclusive en el mercado de la indumentaria y la decoración aparezcan productos con sello vegano. Y no es para menos, ya que esta impronta puede aminorar también la potencial crisis alimentaria a la que se enfrenta el planeta: el estudio Options for keeping the food system within environmental limits, publicado en la revista Nature, asegura que “una estrategia con dietas más basadas en plantas, que reduzca a la mitad la pérdida de alimentos y mejore la tecnología agrícola podría alimentar de forma sostenible a 10.000 millones de personas en 2050”. 

Pero,


¿de qué se trata exactamente esto de ser vegano?
🤔

 

Quienes lo eligen suelen hacerlo por motivos éticos, medioambientales y de salud. Se manifiestan en contra del maltrato y el sacrificio animal, argumentan que una disminución en las prácticas ganaderas genera un impacto muy positivo para la ecología y deciden optar por una dieta que, bien realizada, puede tener muchos beneficios para la salud. ¿Por qué digo bien realizada? Porque, si te interesa virar el timón hacia una alimentación vegana, hay que entender que esta alimentación basada en plantas presenta algunos nutrientes potencialmente críticos; es decir, que podrían entrar en carencia si no estamos atentos a incorporarlos correctamente 🤨 

Algunos de ellos son el hierro, el calcio, el omega 3, determinadas proteínas, la vitamina D, el zinc, el yodo y la vitamina B12. Salvo esta última, que sí o sí debe ser suplementada, no se trata de elementos que no estén presentes en los alimentos de origen vegetal. Sin embargo, para cubrir su requerimiento diario vamos a tener que diseñar una dieta MUY variada e inclusive considerar incorporar productos que no teníamos entre la lista, de los más conocidos: el kéfir, la soja texturizada o el seitán. 

¿El “seiqué”? 😨  Seitán, tranqui, si tu idea es adentrarte en este universo, ya vas a conocerlos.


Por otro lado, va a ser fundamental agudizar la mirada en las combinaciones que llevamos al plato, porque hay alimentos que predisponen mejor o peor la absorción de los nutrientes y de nada sirve comer un alimento rico en hierro si lo acompañamos con otro que inhibe su absorción. 

Las técnicas de preparación y cocción también van a ser tus aliadas. Palabras como remojo y fermentación van a ser parte central de tu nuevo diccionario, ya que este tipo de prácticas puede potenciar notablemente los nutrientes de cereales, semillas y frutos secos. 

 

Si llegaste hasta acá, seguro estás interesad@ en llevar este estilo de vida, pero quieres hacerlo bien y, ¡me copa! Por eso, junto a mi equipo, estamos por lanzar mi ABC VEGANO a la MarchettiRules®, una guía completa sobre esta filosofía para entender de qué se trata, cómo podés alimentarte mejor y aprovechar al máximo todo lo que nos brinda esta alimentación basada en plantas.

Además, incluirá alimentos aptos veganos, un recetario para poner en práctica y enfocadísim@ siempre buscando, juntos, tu mejor versión 💪

 

¿Te animás a ser parte de este estilo de vida?