Seguro escuchaste alguna vez esa canción de Andrés Calamaro en la que brinda por las mujeres que derrochan simpatía, por el recuerdo y por el olvido, por la victoria, por el empate y por el fracaso. Es que siempre hay un buen motivo para levantar la copa. Sobre todo, ¡si es verano! Y en esa línea es que hay una pregunta que se repite constantemente, ya sea en el consultorio como en las consultas online:

“¿Qué hago con el alcohol?”

Bueno, lo primero que podemos decir en cuanto a este tema es que la idea no es demonizar a las bebidas alcohólicas, sino hacernos amigos de una palabrita tan sencilla como difícil de asimilar: moderación. No es lo mismo almorzar todos los días con una cerveza, que acompañar una o dos cenas a la semana con una copa de vino. El secreto está en saber controlar la situación, y no que la situación te controle. 

¿Por qué? Porque, entre otras cosas, el consumo de alcohol de una forma excesiva, abusiva, extrema, tiende a bajar nuestras barreras de control frente a las comidas. Y ahí tenemos un  doble problema: mucho alcohol y mucha comida. Acordate lo que decimos en el método #MarchettiRules®:

 

Todo es veneno, nada es veneno; lo importante es la dosis.

 

Nada es prohibido, simplemente hay que saber elegir la porción y la frecuencia. La meta es disfrutar el camino hacia una alimentación saludable, y eso no se logra con culpas, remordimientos o pensando que estamos haciendo algo malo. Las licencias en un plan no deberían condicionar el objetivo final, siempre y cuando seamos conscientes que se trata de un momento especial. 

El poder que te da la información es invalorable

Hay ciertos datitos que se pueden tener en cuenta para cuando llegue la hora de ese “permitido”. Por ejemplo, saber que todas las bebidas alcohólicas aportan calorías a través del etanol, que es lo primero que metaboliza el cuerpo. Y si a esas bebidas les agregamos azúcares a través de jugos o gaseosas azucaradas, las calorías aumentan notablemente. Por eso, siempre conviene optar por una medida de bebida pura o rebajada con soda, que esa bebida convertida en un trago dulce. ¿Más claro? Es mejor elegir un whisky on the rocks que un whiscola, o tomar un gin con soda y limón, en lugar de un gin tonic. Si querés saber más, tenés mi posteo en Instagram

Hay dos protagonistas que merecen un párrafo aparte:
  1. La cerveza. Al ser de malta, tiene los hidratos de carbono incorporados, es decir: ¡no hace falta mezclarla con nada para que se transforme en un producto inflamatorio! De allí la famosa pancita cervecera.
  2. Las famosas barras alcohol free. Celebro que cada vez haya más personas que eligen tomar bebidas sin alcohol y que los bartenders dediquen toda su creatividad a inventar tragos vírgenes. Pero hay que estar atentos, porque muchas veces se trata de cócteles repletos de saborizantes, colorantes, jarabes y bebidas azucaradas. Un combo que no solo no te aporta nada, sino que termina siendo peor que una copita de vino de vez en cuando.

PARA PENSAR… 🤔

¿Es una misión imposible reducir o erradicar el consumo de alcohol?

¡En absoluto! Acá te dejo un #MarchettiTip: Podés comenzar haciendo el clic con bebidas naturales, jugos de frutas diluidos en soda o agua, infusiones de menta, tés fríos, o shots de jugo de tomate, pepino o remolacha. Hay un sinfín de opciones para empezar a virar el timón hacia ese cambio que te complete física, espiritual y nutricionalmente. Si no se te ocurre alguna bebida, recordá que podés decargar GRATUITAMENTE mi Verano Enfocado

 

Por eso no importa con qué llenes el vaso, siempre y cuando lo elijas vos y esté alineado con todo aquello que pueda llevarte a tu mejor versión a la…