Siempre que hablamos de bacterias tendemos a pensar en algo negativo; sin embargo algunas de ellas son fundamentales para la salud, como las que viven en la flora intestinal y se encargan de prevenir el desarrollo de enfermedades 🤨

Una forma de incrementarlas es el consumo de probióticos, esos “bichitos buenos” de los que tanto se está hablando desde hace un tiempo.
Si te estás preguntando, ¿qué son? bueno, hay que entender que son microorganismos vivos que van directo a nuestra microbiota, refuerzan su funcionamiento y generan incontables beneficios como:

 

– Disminuir la inflamación intestinal

– Reforzar el sistema inmunitario

– Alivianar los efectos de la intolerancia a la lactosa

– Promover niveles más bajos de colesterol
– Entre otros.

 

¿Y en dónde los encontrás? 🤔Ahí está el tema, mi rocker@ de la alimentación.  

La magia de la industria hizo que los probióticos ocuparan las góndolas como el ingrediente estrella de leches, cereales o jugos fortificados. Inclusive las estanterías de las farmacias los exhiben como el suplemento de moda; pero lo cierto es que hay varios alimentos naturales en los que podemos encontrarlos, sin recurrir a productos ultraprocesados o “mágicos” que siempre nos quitan más de lo que nos dan. 🤨 Como te digo siempre,

 

cada comida es una oportunidad


y este es uno de los casos en los que saber elegir va a marcar la diferencia.

Para que entremos en tema, te cuento que los probióticos nacen de un proceso de fermentación, por lo que no solo hay productos que los contienen naturalmente, sino que también podemos generarlos a partir de preparaciones caseras. 

El ejemplo más conocido es el yogur (si es griego y casero, mejor), pero por fuera de él hay varias preparaciones que los contienen en cantidades elevadas. 

Una de ellas es el chucrut, la guarnición alemana por excelencia, que nace de la fermentación de las hojas de repollo en salmuera. ¡Hay que animarse a hacerlo en casa! Se puede usar como acompañamiento, pero también como entrada o colación.  Además de aportar estas bacterias saludables, es una fuente riquísima de vitaminas y minerales. 

Lo mismo sucede con muchísimos vegetales encurtidos, como los “pickles” o las cebollas agridulces. Ya sean comprados o caseros (lo segundo, siempre es mejor), aportan una gran cantidad de estos microorganismos, generan saciedad con pocas calorías y muchos nutrientes, además son ideales para esquivar el antojo de un snack de paquete antes de la comida.

Con algunas de esas incorporaciones, tu dieta ya va a haber mejorado su aporte de probióticos. Peeeeeero, si quisieras meterte más de lleno en el universo de los fermentados y sus adorables beneficios, hay algunos alimentos más con lo que podrías empezar a familiarizarte: 

 

👉 El kéfir, un fermentado similar al yogur pero más rico en probióticos 

👉 El tempeh, una suerte de turrón nacido de soja fermentada

👉 El miso, un condimento japonés a base de porotos fermentados (más conocido en la sopa miso)


Solo es cuestión de indagar en estas recetas (muchas de ellas milenarias y nacidas en oriente) para fortalecer nuestra flora intestinal sin recurrir a la industria. 

¿Te animás a hacer una elección inteligente?