Hay algo que nunca suele fallar: las ganas, la motivación, el impulso de sentirnos bien. No importa si es por una cuestión de salud o estética, pero constantemente se enciende esa llamita interna que nos incita a vernos mejor. Pero hay otra cosa que tampoco falla, y es que ese impulso se asusta y sale corriendo cuando aparece la palabra “dieta”.  Son cinco letras que nos desmotivan y le abren la puerta a la tramposa frase: “El lunes empiezo”. Si La has dicho en algún momento de tu proceso, seguí leyendo…

¿Por qué sucede esto?

Porque solemos pensar en la dieta del viejo paradigma: la vemos como algo aburrido, restrictivo, con una hojita de recetas y al final viene el efecto rebote… cuando la realidad, la dieta del nuevo paradigma no es eso. Se llama dieta a cualquier plan de alimentación organizado. Y eso es NECESARIO. De hecho, ¡es lo primero que me piden!: “Mati, necesito que me ordenes”. 🤔

Eso es porque en esta era andamos sin rumbo, perdidos entre las exigencias diarias… y la única forma de poner en práctica el orden alimentario que clamamos a gritos es a través de una dieta. Irónico, ¿no? 

El problema es que se trata de una palabra mal utilizada en varios aspectos. En primer lugar, quedó presa de una contaminación que el marketing aprovechó para hacernos creer que se puede llegar a un objetivo saludable sin la necesidad de encarar una dieta. Y eso tiene su costado engañoso, porque todos los métodos, de alguna forma u otra, terminan organizándonos la alimentación.

¡Dejemos de estigmatizarla!

Por otro lado, asociamos la palabra exclusivamente al hecho de bajar de peso, cuando, en realidad, podemos diseñar una dieta para alcanzar distintos propósitos, como potenciar una actividad deportiva, ganar masa muscular, mejorar los nutrientes para una etapa determinada de la vida, hacerle frente a una enfermedad… 

De una vez por todas, tenemos que desterrar el mito de que la palabra “dieta” es sinónimo de una fotocopia “organizada” llena de comidas para la semana, con ideas aburridas, tediosas y monotemáticas. Por el contrario, debemos pensarla como un cambio de vida, un cambio de paradigma, una reconciliación con la idea de organizarnos… Qué les parece si a partir de este momento, ¿pensamos en la palabra dieta de esta manera?

 

Dejar los mitos atrás
Informarme con la verdades de hoy
Enfocarse en objetivos
Trabajar y alimentar la mente
A poner en práctica lo aprendido

 

Verás que de esta manera, comenzarás a amigarte más con esta palabra, ¡eso sí! El plan que decidamos diseñar (siempre a medida) tiene que estar basado en productos inocuos y nutritivos. ¿Qué significa eso? que debemos priorizar los alimentos que no hagan daño y que nutran, y minimizar aquellos que cumplan una premisa pero no la otra. 

Las claves de una dieta son volver a conectarnos con la comida; organizar nuestras ingestas y dejar de ponerlas en los huecos que nos deja el día; optar por alimentos más reales, escuchar mejor lo que nos pide el cuerpo… ¡hacer una planificación inteligente!

¿Por qué no dejamos de enojarnos con la palabra dieta y hacemos las paces para crear un plan personalizado y divertido que nos cambie la vida?  PARA PENSAR 🤔