Los instantes previos a darte ese gustito después de la cena se transformaron en una ceremonia que hasta tiene tintes graciosos. Vas hasta la alacena para ver con qué acompañar el cafecito y, como si fueras Sherlock Holmes, tus ojos de lince se posan sobre las etiquetas de los productos para comprobar cuál tiene menos de 100 calorías. No vaya a ser que te vayas a dormir con la panza demasiado llena.

En el imaginario colectivo se impuso la idea de que, por sobre todas las cosas, tenemos que estar muy atent@s a cuántas calorías por porción muestra el paquetito de eso que nos da tanto placer. Mientras menos tenga, mejor.

Como tantas otras máximas, ese es un preconcepto que debemos desterrar; porque si bien las calorías tienen un porqué en el diseño de una buena alimentación, están lejos de ser quienes deben timonearla.

Durante mucho tiempo, los planes de nutrición se basaron solo en el recuento de calorías diarias, lo que llevó a descuidar la calidad de los alimentos con los que incorporábamos esas calorías (o como a mí me gusta llamar: la crisis de la caloría).

No me canso de decirlo: ¡no dan lo mismo un postrecito light y una pera!

Aunque cuenten con las mismas calorías, uno de los dos no te nutre. ¿Hace falta que te diga cuál?
Empecemos a darles a las calorías el lugar que ocupan: son una unidad de medida que nos puede dar un parámetro de hasta dónde podemos avanzar con la incorporación de determinados alimentos en una dieta. ¡Pero no más que eso! Me gusta pensarlas como envases: si son calorías vacías, sin nutrientes… ¡no sirven!

El ejemplo que más rápido me viene a la cabeza es el de los snacks “saludables”, como un alfajor de arroz, versus un puñado de granola casera o frutos secos. Lo primero es una golosina, hecha y derecha. Lo segundo, una colación cargada de nutrientes. ¡Aunque puedan tener las mismas calorías!

La comparación tampoco es válida cuando hablamos de dos alimentos positivos para tu dieta: una porción de pescado y una de legumbres pueden tener las mismas calorías, pero no por eso vas a vivir a porotos (o frijoles). Los dos aportan cosas buenísimas, pero distintas. Y en la variedad está la buena nutrición.

En este aspecto, la buena información es fundamental para no caer en falsas creencias. Los profesionales de la salud, los medios y las voces reinantes de las redes sociales deberían ayudar a la población a interpelar a la industria. ¿Para qué? Para que los auténticos protagonistas de nuestros desayunos, almuerzos, meriendas y cenas, sean los alimentos reales.

Por supuesto que las calorías van a entrar en la ecuación, pero controladas en una dieta que aporte los macro y micronutrientes necesarios de cara a tus objetivos. Así llega el tan mentado efecto win-win: nutrir el cuerpo y generar el descenso o aumento de peso deseado.
No sirve de nada estar flaquitos o forzudos pero con la salud minada. Ni nos puede dar lo mismo qué comemos, preocupándonos sólo por incorporar las calorías para subsistir. La vida se trata de vivir bien, ¡dejemos de sobrevivirla!

Mi método MarchettiRules® trata de hacer ese cambio de paradigma para que comprendamos, finalmente, que los nutrientes son lo que verdaderamente importa y que cada uno de ellos genera una respuesta distinta en el organismo.

Por eso, como te digo siempre (sí, grabatelo)…

 

Cada comida es una oportunidad.

 

Contame, ¿aplicás esta frase a tu vida? 🤔