¿Te pusiste a pensar alguna vez por qué algo es un buen o un mal hábito?

Esas costumbres que tenemos arraigadas como algo positivo, ¿para quién lo son? 🤔 Lo más probable es que no te lo hayas cuestionado y que cuando un profesional te hable de “buenos hábitos”, automáticamente te empiecen a aparecer en la cabeza una lista enorme de preconceptos: tomar mucha agua, no comer fritos, hacer tal o cual actividad física, moderar el consumo de harinas…

 

Pero, en realidad, esas no son más que normas que intentan determinar qué es bueno para tu salud y qué la perjudica. Normas generales, construcciones despersonalizadas que pueden o no tener que ver con vos, con tu objetivo y con tu estilo de vida…

Lo que deberían ser conceptos personalizados, cuando son colectivos se convierten en latiguillos sin contenido, que no hacen más que crearte la realidad ficticia de que estás haciendo algo bueno por tu salud 🙄 Ahora…

¿qué es para vos la buena salud?

¿Tener más energía? ¿Sentirte bien con tu cuerpo? ¿Estar más fit? ¿Mantener controlado un problema de salud? 🤔🤔 PARA PENSAR…

La clave es que puedas personalizar tus necesidades para optimizar tu potencial, tu trabajo, tu bienestar, tu parte social. Porque la salud es multifactorial: todos somos distintos y tenés que pensar los hábitos dentro de una planificación inteligente 😉 Una vez que puedas hacer ese trabajo con vos mismo, va a llegar la segunda etapa que se basa en la repetición, en ser consecuente. En que todos los días quieras forjar la mejor versión de vos mismo con elecciones positivas 🙌, hasta que se te hagan una costumbre y ya no tengas que pensarlas.

¿Por qué? Porque cuando un modo de vida saludable se convierte en una constante, mantenerte enfocad@ ya no es un esfuerzo, sino una metodología. Te propongo que pienses qué fue lo que te hizo fallar otras veces: ¿Que empezaste motivado y después te aburriste? ¿Que llegaste al objetivo, te relajaste y retrocediste mil casilleros? ¿Que te cansaste de las restricciones y te las mandaste una atrás de otra? Si es así, ya sabés que tu problema fue la imposibilidad de generar prácticas que se mantuvieran en el tiempo. ¿Qué vas a hacer ahora?

Van algunos Marchetti Tips:

1 No te muevas por la emoción del momento, ya que la carencia nos genera motivación, pero una vez que estamos satisfechos tiramos todo por la borda.

2 Ganale a tus instintos. Cuando sientas que te vas a desbandar, hacele creer a tu cuerpo que va a salir a cazar y llevalo a hacer actividad física.

3 Olvidate del concepto “dieta” (ni hablar si al lado tiene la palabra “milagrosa”). ¡Y exiliá a la balanza que tenés en el baño! Tu objetivo no tiene que ser el peso, sino un concepto mucho más amplio.

4 Proponete metas realizables, realistas y personalizadas. Es imposible generar hábitos saludables si estás a disgusto o siguiendo el plan de otro.

5 No seas un barrilete de emociones. Armá estrategias en calma, cuando te sientas en equilibrio y puedas generar bases sólidas. ¡Transitá lo que sentís! No te lo comas.

6 Escuchate más y conocete mejor. Las confusiones metabólicas te pueden llevar a pegártela en la pera.

7 Organizate, anticipá tus comidas y lográ que todo fluya más fácil. La organización es fundamental para enamorarte del proceso.

8 Recordá:

Cada comida es una oportunidad 🙌

 

Ahora que sabés esto, te invito a que reflexionemos juntos:

¿Será que la única manera de generar hábitos duraderos es pensar un plan que te sirva a VOS? o ¿que la clave es olvidarse de las masas y sus mandatos? ¿Será que te falta estar más feliz con el proceso?

 

Para pensar…

 

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